7 de septiembre de 2009

Entre Planes y Vinos


El pasado miércoles se puso en marcha definitivamente el Plan estratégico del vino de Navarra con la presencia de todos los organismos e instituciones implicados en el mundo del vino en nuestra Comunidad.

¿Todos?... No. Nos faltó uno. Precisamente la primera parte, que no es la parte contratante de la primera parte como decían los hermanos Marx, sino la que representa a una parte de los viticultores de Navarra.

Vinieron y se fueron. Dicen que para ir y volver, mejor no ir. Pero éste no era el caso. Se hacía necesario escenificar su desacuerdo con el Gobierno, por, según dicen, incumplimiento de unos compromisos. Compromisos, que, por otra parte, he buscado y rebuscado y sigo sin encontrar.
Sí recuerdo haber asistido a la primera reunión donde, por parte del Gobierno, se manifestó la necesidad de consensuar un Plan estratégico financiado al 100% por el mismo Gobierno, para posteriormente, una vez conocidos los resultados, habilitar partidas que faciliten la ejecución de las medidas que se planteen en dicho plan. Lógicamente, a fecha de hoy, esas medidas todavía no se conocen, pues apenas ha transcurrido una semana desde que iniciamos el Plan y sus resultados no serán presentados hasta mediados de noviembre.

En todo caso y sin entrar a valorar los motivos de esta ausencia, creo que no se ha producido ni en el momento ni en el lugar adecuados. El Plan Estratégico debe ser el elemento dinamizador del Sector y el que arbitre el tipo de medidas que son necesarias para su desarrollo. Es decir, estamos hablando del futuro y no del pasado, si la frustración y el enfado es por el pasado, ilusionémonos por el futuro y probablemente los resultados, entre todos, serán mejores.

Pero, ¿Seremos capaces de aceptar lo que el Plan Estratégico nos diga que debemos hacer? Esta es la pregunta del millón. Difícilmente aceptaremos consejos de aquellos que no viven el drama del vino en estos momentos, y difícilmente querremos que nos apliquen unas medidas que no deseamos.

De todos es conocida la aversión al cambio del ser humano, y es probablemente esta misma aversión la que hace que, a pesar de estar mal, no queramos iniciar nuevos rumbos. Pues bien, creo que esta postura es un error, pues el Plan Estratégico nos dará estos nuevos aires necesarios en este momento de tempestad económica.

Y estoy seguro de que el Plan nos señalará aquello que todos sabemos que deberíamos hacer y que no hacemos para mejorar el sector, porque, como ya he manifestado muchas veces, aunque todos sabemos lo que es necesario ejecutar, nos falta valentía para hacerlo y miedo a ser contestados por nuestros representados, precisamente por esa aversión al cambio.

Mientras sigamos mirando a la administración para que habilite nuevas ayudas, dejaremos de mirar al mercado para preguntarle qué es lo que necesita, un mercado en el que nacen oportunidades cada día, y donde debemos estar atentos para aprovecharlas.

Si una vez conocidas las medidas propuestas por el Plan Estratégico no las aplicamos, tendremos, una vez más, un plan perfectamente ilustrado en el rincón de una de nuestras librerías o almacenado en el disco duro de algún viejo ordenador. Y mientras, el mercado hará implacablemente su trabajo de adelgazamiento de nuestro sector en Navarra.

Iñaki Goñi

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