24 de diciembre de 2009

Esta noche es Nochebuena!!


Me gusta la Navidad. Lo reconozco. Entiendo también que mucha gente la deteste, pero en mi caso, ¡me encanta!. No sé por qué, quizá por la edad, cada vez me acuerdo más de las Navidades de mi infancia. Y uno de los recuerdos que más afloran es el de la tarde de Nochebuena.

En casa de mis padres, en la calle Mercaderes, había (y hay, aunque ya no funciona), una cocina doméstica, de las que se alimentaban con carbón. Todos nos reuníamos al calor de ese fuego porque en el resto de la casa no había calefacción. Y la tarde del 24 de diciembre, a eso de las seis, mi abuela comenzaba a preparar el plato más importante de la cena: el cardo.

A mis hermanas y a mí no nos gustaba (algo comprensible en la infancia e incomprensible en la edad adulta), pero esa noche lo comíamos porque era tradición, porque significaba que ya estábamos en Navidad y porque esa noche no se reñía.

Recuerdo a mi abuela cortando las pencas de un cardo enorme, quitándole con cuidado las hebras y depositando los trozos, (cuadraditos, pequeños), en un balde con agua (eso era antes de que los científicos dijeran que una parte importante de las sales minerales y vitaminas de las verduras se pierden por la acción del oxígeno del agua y que lo correcto es lavarlas bajo el chorro del grifo).

Nosotras nos arremolinábamos alrededor observándola atentamente y ella nos dejaba quitar alguna hebra o sumergir algún pedazo.

A continuación, en un puchero con agua hirviendo, iba echando el cardo lentamente (para no romper la cocción del agua) y lo dejaba hasta que estuviera al dente. Todo este proceso no era rápido, ni mucho menos. La cocina de mi abuela era lenta, muy lenta. Cuidaba las ollas con mimo, preparaba todos los ingredientes con calma, y, sobre todo, jamás forzaba los tiempos de cocción.

Cuando el cardo ya casi estaba, preparaba en una sartén aparte, aceite de oliva, almendra picada, dos o tres cucharadas de harina, un poco de vino blanco y agua. Una vez hecha la salsa, la vertía sobre el cardo y dejaba que hirviera el conjunto durante unos minutos.

Mientras tanto, nosotras nos íbamos a ver al Olentzero y a la vuelta... ¡UUmmm! La casa entera olía a cardo y, dejando atrás el frío de la calle, nos volvíamos a apretujar al calor de la cocina para empezar la cena de Nochebuena.

Ahora han cambiado muchas cosas, la cocina doméstica ya no funciona, en casa de mis padres ya hay calefacción, la cena a veces se celebra en casa de alguna de mis hermanas o en la mía propia. Otras veces yo ceno en Madrid y entonces nos juntamos en Nochevieja.

Pero lo que nunca ha cambiado es que esa noche en mi casa se cena cardo. Y por supuesto, lo sigue preparando mi abuela, como lo ha hecho siempre (incluyendo la inmersión en agua). Y tiene mérito porque mi abuela acaba de cumplir 95 años..., que se dice pronto.

Desde Reyno Gourmet os deseamos a todos una Feliz Navidad y que disfrútéis de una noche entrañable!!

3 comentarios:

Alsurdelsur "Reme" dijo...

Feliz navidad.

Alsurdelsur. Reme

Caminarsingluten dijo...

Muchas gracias Marta, por contarnos esta historia tan entrañable, tan familiar que nos ha traido recuerdos de esa cocina de casa de uno de nuestras padres, esa cocina que caliantaba algo la casa con el carbón y la astillas, y a la vez el agua del termo que existía sobre ella.

Cuantas historias alrededor de esa cocina, de ese calor y del frío del resto de la casa.

Esperamos que anoche disfrutarais de ese cardo preparado por la abuela. Y os decimos que nosotros nos acordamos de vosotros, comenzando la cena con una riquísmo vino blanco D.O.Navarra, selecicionado en 2009 por el Panel de Cata de Vinos de la Comunidad Foral, y que representa estupendamente a esa denominación de origen :)

Os deseamos una Feliz Navidad, y un estupendo año nuevo.

Besotes,

Ana y Víctor.

Marta Borruel dijo...

Gracias Reme. Feliz Navidad para ti también.

Ana, Víctor. Es cierto, mi infancia desde luego se encuentra junto al fuego de una cocina. Me alegro de que os gustase el Vino D.O. Navarra. Que empecéis bien el año. Un beso